Alerta: Brote de sarampión en Europa

El sarampión ha sido y es una de las principales causas de muerte entre los niños, a pesar de que existe una vacuna eficaz para prevenirlo. En 2015 hubo 134.200 muertes por sarampión en todo el mundo, es decir, cerca de 367 por día o 15 por hora.

En enero de 2017 se han notificado más de 500 nuevos casos de sarampión en Europa como consecuencia de distintos brotes que, según alerta la Organización Mundial de la Salud, pueden poner en riesgo todos los hitos ganados para conseguir su erradicación en el continente. Entre las causales, la OMS muestra que la cobertura de vacunación cayó por debajo del 95% necesario para mantener la enfermedad controlada.

Aunque dos tercios de los 53 países europeos ya controlan la transmisión endémica del sarampión, en 14 de ellos todavía lo es. Los principales brotes de sarampión en Europa se están produciendo en Italia y Rumania. Este país ha notificado más de 3.400 casos y 17 muertes entre enero de 2016 a marzo de este año. Italia, por su parte, ha experimentado un fuerte aumento de casos en las primeras semanas de 2017, con 238 infecciones notificadas en enero y un número similar en febrero, según los datos preliminares que reconocen que su cobertura de vacunación bajó al 83%. Otros países con aumento de casos son: Francia, Alemania, Polonia, Ucrania y Suiza.

Ya en 2015 se había notificado un número significativo de casos en Alemania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Federación Rusa, Georgia, Italia, Kazajistán y Serbia.

A esta altura, debe insistirse en el refuerzo de la vacunación y es necesario además, remarcar que la vacunación contra el sarampión ha reducido la mortalidad mundial por esta causa, en un 79% entre 2000 y 2015.

En 2015, aproximadamente un 85% de la población infantil mundial recibió una dosis de vacuna antes de cumplir el año de vida. En 2000, ese porcentaje fue del 73%. Se estima que entre 2000 y 2015, la vacuna contra el sarampión evitó unos 20,3 millones de muertes, lo que la convierte en una de las mejores inversiones en salud pública.

La caída de la cobertura de vacunación, la laxitud de la vigilancia de la enfermedad y la creciente resistencia a la vacunación, con los resultados a la vista, han encendido las luces de alarma.

 

 

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