Pediatra recuerda a los pacientes con sarampión antes de la vacuna

En 1962, durante mi último año en la facultad de medicina, trabajé en la clínica de la noche en el Hospital General de Louisville. A la 6:00 de la tarde la sala de espera estaba llena y no era raro, ni siquiera para un estudiante de medicina como yo, diagnosticar los varios casos de sarampión que necesitaban tratamiento en un ambiente donde lo que abundaba era la tos y donde muchos niños se presentaban con el inconfundible sarpullido y los ojos enrojecidos que son tan comunes en los pacientes con sarampión.
 
La mayoría de casos que veíamos eran casos de sarampión. El sarampión es una de las enfermedades más comunicables que se puedan encontrar. Las fiebres asociadas a estos pacientes eran extremadamente altas y los medicamentes que usábamos para reducirlas tenían efectos secundarios lamentables. La única cosa que podíamos hacer era tratar los síntomas del sarampión; no podíamos de ninguna manera ayudar a combatir la propia infección.

Recuerdo vivamente cómo estaban de enfermos los niños y también recuerdo las expresiones de preocupación que tenían sus padres. Estaban preocupados y se sentían impotentes. Tenían derecho a sentirse preocupados porque algunos de esos niños morían. Puedo asegurarles que los médicos estaban tan preocupados como los padres. No había mucho que pudieramos hacer. No teníamos ninguna herramienta para luchar o para prevenir la enfermedad.

Ver artículo completo, Dr. Huff de Olson

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